Brasil en vilo: Lula y Bolsonaro frente a frente, Argentina mira
Editorial: Por Johann Emanuel Berdala
Hay elecciones que terminan cuando se cierran las urnas y hay otras que recién comienzan a partir de ese momento. Brasil pertenece a la segunda categoría.
El resultado de la primera vuelta presidencial dejó un escenario que, lejos de cerrar la discusión, la profundizó: Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, mientras Luiz Inácio Lula da Silva alcanzó el 45,16%. Ninguno consiguió superar el 50% necesario para evitar una segunda vuelta, que se realizará el próximo 25 de octubre.
La diferencia, cercana a dos puntos porcentuales, coloca a Brasil frente a una campaña completamente nueva. Ya no se trata de conquistar una mayoría entre varios candidatos, sino de construir una mayoría entre dos proyectos políticos claramente diferenciados.
Y allí aparece la primera gran conclusión de esta elección: Brasil no está votando solamente entre dos candidatos; está definiendo qué rumbo pretende tomar después de años de una profunda polarización política.
Flávio Bolsonaro consiguió imponerse en la primera vuelta y tuvo resultados especialmente fuertes en algunos de los principales distritos electorales del país, entre ellos São Paulo y Río de Janeiro. Lula, por su parte, conserva una estructura política de enorme magnitud y llega a la segunda vuelta con el respaldo de un espacio que conoce profundamente el territorio electoral brasileño.
La segunda vuelta, por lo tanto, no puede leerse simplemente trasladando los porcentajes del domingo.
Los más de 100 millones de votos que recibieron ambos candidatos no son el único dato que importa. También será determinante qué hagan los electores que optaron por las demás fuerzas, qué nivel de participación exista el 25 de octubre y, fundamentalmente, qué capacidad tenga cada campaña para incorporar a los votantes que no se sienten representados plenamente por ninguno de los dos polos.
Ese es, probablemente, el gran interrogante de las próximas tres semanas.
DOS BRASILES, UNA SOLA URNA
La campaña que viene será distinta.
Flávio Bolsonaro llega con el argumento político de haber quedado primero y con un resultado que superó las expectativas de buena parte de las encuestas previas. Los mercados reaccionaron positivamente después de la primera vuelta, con una fuerte suba de la bolsa brasileña y una apreciación del real, en un movimiento que Reuters vinculó con expectativas favorables hacia una eventual agenda económica más orientada al mercado.
Lula, en cambio, deberá transformar su segundo puesto en una plataforma para recuperar terreno. El presidente apuesta a su experiencia de gobierno, a su estructura política y a los resultados de su administración que considera favorables, mientras intenta responder a preocupaciones que durante la campaña ocuparon un lugar central: el costo de vida, la inseguridad, el endeudamiento y la situación fiscal.
Por eso sería apresurado afirmar hoy que el resultado de la segunda vuelta está definido.
Los sondeos realizados antes de la primera vuelta habían mostrado un escenario muy ajustado en una eventual definición entre ambos, con diferencias dentro de los márgenes de error. El propio resultado del domingo demostró, además, que las mediciones previas no captaron completamente la magnitud del voto obtenido por Bolsonaro.
En otras palabras: la primera vuelta dejó una fotografía; la segunda vuelta comenzará a construir otra.
¿Y QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA LA ARGENTINA?
Aquí es donde la elección brasileña deja de ser un asunto exclusivamente brasileño.
Para la Argentina, Brasil no es simplemente el país vecino. Es su principal socio comercial, un actor central del Mercosur y una de las economías que más condicionan las posibilidades de crecimiento de numerosos sectores argentinos.
Automotrices, alimentos, energía, industria, turismo e inversiones forman parte de una relación económica que difícilmente pueda modificarse de un día para otro simplemente porque cambie el presidente brasileño.
Y hay algo todavía más importante: la relación entre Argentina y Brasil no depende exclusivamente de la relación personal entre Javier Milei y quien ocupe el Palacio del Planalto.
Durante los últimos años hubo fuertes diferencias políticas entre Milei y Lula. Sin embargo, el intercambio comercial continuó y los vínculos institucionales entre ambos países mantuvieron canales de funcionamiento. Especialistas citados por medios argentinos señalan precisamente que la estructura diplomática y comercial brasileña posee una continuidad que excede a los gobiernos de turno.
SI GANA LULA
Una continuidad de Lula significaría, previsiblemente, una relación política que podría seguir teniendo diferencias importantes con el gobierno de Milei.
Pero eso no necesariamente implicaría un quiebre comercial.
El Mercosur, las cadenas industriales y el enorme volumen de intercambio bilateral generan intereses que van mucho más allá de las diferencias ideológicas entre los presidentes.
Para Argentina, un segundo mandato de Lula podría mantener una relación institucional más compleja desde lo político, pero con incentivos concretos para preservar el comercio y la integración regional.
SI GANA FLÁVIO BOLSONARO
Una victoria de Flávio Bolsonaro produciría un cambio político considerable en Brasil y abriría, en principio, mayores coincidencias ideológicas con el gobierno argentino.
Eso podría facilitar determinados entendimientos políticos entre Buenos Aires y Brasilia.
Pero tampoco sería correcto imaginar que automáticamente desaparecerían todas las diferencias comerciales.
Brasil tiene sus propios intereses económicos, industriales y estratégicos. La política exterior brasileña cuenta con una estructura profesional y permanente que no cambia completamente con cada elección presidencial.
Por eso, aun frente a un cambio de signo político, el desafío argentino seguirá siendo el mismo: aprovechar la relación económica con Brasil sin quedar atrapado en la disputa ideológica entre gobiernos.
LA ELECCIÓN QUE TODAVÍA NO TERMINÓ
Después de dos décadas siguiendo procesos electorales, hay algo que las elecciones enseñan una y otra vez: los resultados más importantes no siempre están en el porcentaje obtenido por un candidato, sino en aquello que ocurre entre una vuelta y la siguiente.
Brasil acaba de demostrarlo.
Flávio Bolsonaro salió primero. Lula quedó segundo. Pero ninguno ganó la presidencia.
Ahora comienza la verdadera disputa por los votos que quedaron en el medio.
El 25 de octubre, millones de brasileños deberán decidir si continúan con el proyecto de Lula o si abren una nueva etapa bajo Flávio Bolsonaro. Y mientras Brasil discute su futuro, la Argentina deberá observar con atención, porque cualquiera sea el resultado, habrá consecuencias para el comercio, el Mercosur, las inversiones, la energía y el equilibrio político de Sudamérica.
No estamos frente a una elección más.
Estamos frente a una definición que puede modificar el mapa político de América del Sur durante los próximos años.
Y para la Argentina, mirar hacia Brasil después del 25 de octubre no será una opción.
Será una necesidad.
Johann Emanuel Berdala
